La cultura de la cancelación no es como nos la pintan

La semana del 12 de junio parecía que sólo existía un tema en todos los medios: una supuesta campaña para cancelar a Los Ángeles Azules y su canción «17 años». No hubo medio digital que entre el 12 y el 15 de junio no se subiera al tren con exactamente la misma narrativa: una horda de activistas se salieron de control y quieren ahora que la famosa cumbia no se toque en bodas y XV años.

Sin embargo, al leer las notas, al revisar el trending topic en Twitter podías darte cuenta que no existía ninguna cancelación, ninguna horda de centennials, nada: sólo gente que reaccionaba de forma negativa a la información. Las notas, por cierto, se basaban en un solo tuit publicado por un psicólogo el 6 de junio (el mensaje ya había sido borrado para el día 12), que apuntaba una crítica puntual y repetida hasta el cansancio de la famosa canción.

Miles de personas en redes (y cientos de redactores y editores en medios) tomaron como real una «cancelación» inexistente. Por ello, es necesario entender cómo fue que llegamos al punto en el que desde los medios digitales se aprovecha un eufemismo contra disidencias sexogenéricas, activistas de derechos humanos y activismos feministas para ganar visitas por parte de una audiencia que ya da por sentado dos cosas:

  1. Que la cultura de la cancelación existe.
  2. Que está coordinada por una hora de usuarios de redes sociales «demasiado sensibles».

Si bien el término que se lee hasta el cansancio es «cultura de la cancelación», este tipo de notas, esta reacción en redes sociales a las críticas puntuales a productos culturales problemáticos y estas peleas «inexistentes» no son nuevas: hasta hace dos años el empleábamos la frase «políticamente correcto».

La «cultura de la cancelación» existe, pero no es cultura ni es, en realidad, una cancelación.

Raúl Cruz

Para marzo de este año, el término «cultura de la cancelación» era utilizado solamente por tres tipos de personajes en redes sociales: activistas de derecha antiLGBT+, medios que cubren cultura geek (y que replican lo más tóxico de ésta) y un par de feministas transexcluyentes españolas. Fue la cobertura mediática de diversas notas de medios de derecha estadunidenses lo que popularizó el término que, hoy, es ya usado para todo: defenderse de acusaciones de fraude, proteger a personas transfóbicas, descartar procesos judiciales, en fin.

Partamos de algo claro: la «cultura de la cancelación» existe, pero no es cultura ni es, en realidad, una cancelación. Podría decirse que es un término paraguas que abarca múltiples significados que dependen, directamente, de los grupos que lo estén utilizando.

Para grupos activistas de derechos humanos, antirracistas y feministas, la «cancelación» funciona como un punitivismo performativo: es el acto de señalar incongruencias, contradicciones o «fallos» personales de compañeres que chocan con los valores y luchas que enarbolan. Es una declaración hecha en redes sociales con la presunta intención de generar un cambio a partir o de la vergüenza o del miedo. Gente como Natalie Wynn, Linday Ellis y el podcast Afrochingonas han hecho críticas largas y puntuales a este punitivismo, atravesadas por sus propias experiencias siendo «canceladas».

Otro uso que le han dado a la frase es para impulsar campañas más amplias que buscan responsabilizar de forma pública (el término en inglés es «accountability», pero no hay una traducción precisa al español) a figuras «intocables» por su posición de poder y privilegios. Las funas y escraches podrían entrar en esta categoría: son mecanismos públicos y confidenciales  que buscan señalar no sólo los fallos de individuos, sino los fracasos del sistema para que aquellos paguen a la sociedad y a sus víctimas por los daños causados.

El movimiento #MeToo, con todas las críticas que se le puedan hacer, fue un ejercicio internacional necesario de «cancelación» antes de que se hablara de ésta en los términos actuales, y partió desde activismos de mujeres afrodescendientes en Estados Unidos (tal como ocurrió después con #BlackLivesMatter) y logró replicarse en múltiples países y en sus propios contextos políticos, culturales y sociales específicos.

Funas y escraches son mecanismos públicos y confidenciales  que buscan señalar no sólo fallos de individuos, sino fracasos del sistema para que aquellos paguen a la sociedad y a sus víctimas.

Raúl Cruz

Un tercer uso del término «cultura de la cancelación» es la armamentación de estos dos últimos: es decir, la equiparación retórica de los dos polos de significado para abarcar y, de paso, cancelar (sin ironía de por medio) como válido cualquier reclamo hecho por las «hordas» anónimas que buscan tumbar a algún personaje poderoso. Esta última acepción es la que se ha convertido en la más generalizada, e incluso ha sido utilizada por analistas políticos en México para escribir libros (Olabuenaga, Linchamientos digitales) y denostar cualquier crítica, como si éstas significaran una «nueva censura» que rebasa al aparato del Estado, a los medios y a cualquier gate-keeper tradicional.

A través de CrowdTangle, herramienta de análisis y monitoreo de Facebook, pude constatar que de enero a marzo de este año (justo antes de que disparara la tormenta de notas de «cancelaciones» de series, personajes y canciones) fueron pocas las menciones del término «cultura de la cancelación». Prácticamente ningún medio masivo utilizaba esa frase. Sólo Imagen Televisión lo hizo en una entrevista que Nacho Lozano hizo a Ana María Olabuenaga a propósito del bloqueo de casi todas las cuentas de Donald Trump en redes sociales.

Además de un par de notas de medios pequeños sobre el despido de celebridades con historial racista, homofóbico o transfóbico, la «cancelación» sólo se refería a la tercera acepción que aquí revisamos por sitios católicos que, incluso, tenían oraciones pensadas específicamente para quienes «se atreven a hablar de la Verdad» y no ponen su fe en Dios.

Los cambios semánticos en la lengua, como no pasa con los gramaticales, pueden ser tan acelerados que no dan oportunidad para que se defina claramente el uso de una palabra, y ése es justamente el caso que tenemos con la frase «cultura de la cancelación». Lo único en lo que estamos de acuerdo es que hay una conversación que es activamente silenciada del espacio público, y no tiene nada que ver con caricaturas que sí normalizaban el acoso, con canciones que idealizan relaciones amorosas desiguales o con fascistas que incitaron un golpe de Estado en Washington, D.C.

Urgen medios, pero en específico editores y redactores que comprendan las repercusiones de sus notas.

Raúl cruz

Los daños del periodismo del clic

No me malentiendan: las notas de perritos adorables que hacen de todo por ser adoptados, o las historias de familias homofóbicas que entendieron sus errores me parecen de lo mejor que hay Internet. Además, en mi experiencia como editore digital, sé que dan muchos, muchos clics. Sin embargo, hay otro sentimiento, en el polo opuesto, que también genera clics: el rechazo.

Si algo tienen en común las notas sobre las falsas «cancelaciones» es el tono de desprecio hacia quienes señalan lo problemático de una canción o una caricatura, es el mismo tono que todes hemos leído en comentarios de Facebook que desprecian no tanto la crítica, sino la amenaza de exigir autocrítica.

De las decenas y decenas de notas que leí sobre «17 años», de Los Ángeles Azules, la única que se tomó el tiempo para verificar que se trataba de una falsa cancelación y para abordar el contexto de agresiones sexuales impunes contra menores de edad en México fue la de Cassandra Moya, para Erizos: hace una revisión del Código Penal, buscó más tuits de hace mucho más tiempo en donde se hacen las mismas críticas y contextualizó el mame con la falsedad de las cancelaciones.

Urgen medios, pero en específico editores y redactores que comprendan las repercusiones de sus notas, el impacto de tomar a la ligera cualquier tema con tal de generar clics: si hemos aprendido a cubrir con mucho más cuidado las muertes por suicidio, ¿por qué no podemos parar y preguntarnos a quién estamos afectando y a quién realmente estamos cancelando con estas notas?

No tengo ninguna respuesta clara frente a esta nueva oleada de «cancelaciones», sólo espero que pase pronto y quede cancelada definitivamente.

Más allá de la sororidad: El feminismo y la lucha tridireccional

Feminismo y fascismo

Hay un concepto que viene del movimiento antifascista que encuentro de mucha utilidad. Hablo de la lucha tridireccional: mientras luchamos contra un sistema (cisheteropatriarcal), también hay que luchar contra otros grupos que, al igual que nosotres, están luchando contra dicho sistema, pero que impondrían otro que terminaría siendo igual de opresivo.

El término fue acuñado en Estados Unidos en un contexto en que grupos fascistas emprendieron una guerrilla contra el gobierno federal; este conflicto inició en los años 80 y culminó en 1995 con el atentado de Oklahoma City, que causó la muerte de 168 personas y luego sirvió como inspiración para la masacre de Columbine cuatro años después.

En un hecho difícil de creer, hubo personas de izquierda que aplaudieron dicha violencia procedente de la derecha: Alexander Cockburn, fundador de la revista influyente CounterPunch, dijo sobre el atentado que “la libertad se analiza con mayor intensidad en la ultraderecha”. Cabe mencionar que hubo un suceso paralelo en el plano de la geopolítica. Con el colapso de la URSS y el bloque socialista, algunos comunistas empezaron a buscar alianzas con cualquier enemigo del imperialismo yanqui, sin importar si se trataba de personas de izquierda o derecha. Por ejemplo, cuando Slobodan Milosevic fue enjuiciado en La Haya por crímenes de lesa humanidad, su comité de defensa incluía al escritor comunista Michael Parenti.

La izquierda no encontrará aliados verdaderos en dictadores derechistas en el exterior, ni en grupos terroristas ni en paramilitares en lo nacional.

Julianna neuhouser

El movimiento antifascista y la lucha tridireccional

La visión de un mundo que privilegia la geopolítica por encima de los hechos reales sigue hasta la fecha en cierto rincón de la izquierda. Hablo de aquel que defiende a dictadores derechistas como Vladimir Putin y Bashar al-Assad por el mero hecho de que están peleados con Estados Unidos. Y solo semanas después del fallido asalto al Capitolio por parte de los trumpistas, había comentaristas de izquierda que promovían una alianza con los Boogaloo Boys, un grupo paramilitar que participó en la toma.

Ante este contexto, lo que el movimiento antifascista plantea cuando habla de lucha tridireccional es, en el abstracto, algo que debe ser una obviedad. La izquierda no encontrará aliados verdaderos en dictadores derechistas en el exterior, ni en grupos terroristas ni en paramilitares en lo nacional. Bashar al-Assad pronunció un discurso contra el neoliberalismo hace un par de meses, sí, pero sus objeciones al neoliberalismo no eran económicas. Recordemos que antes de la guerra civil, él mismo había promovido la privatización y los megaproyectos en Siria). Lo que no le gusta del neoliberalismo es la tolerancia religiosa, los derechos de las personas LGBT y la venta de “pan de marijuana” (sic).

En lo personal, tampoco quiero al neoliberalismo, pero mi pareja no es de la misma religión que yo, estoy a favor de mi propia existencia (obviamente) y arriba los brownies. Mis problemas con el neoliberalismo son otros.

El fascismo puede colarse en cualquier movimiento social, no importa lo justo que sea, y hay que estar siempre atentos a este peligro y combatirlo cuando surge.

julianna neuhouser

La lucha tridireccional en el feminismo

¿Pero cómo aplicamos el concepto de lucha tridireccional en nuestro contexto? En el ambientalismo, por ejemplo, una lucha sumamente importante, ¿hay alianza posible entre defensores del territorio e Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS), cuya praxis consiste en asesinar profesores de la UNAM? Claro que no. En otro contexto, durante los desalojos de familias palestinas en la colonia Sheij Yarrah de Jerusalén y los bombardeos de Gaza, La Jornada publicó una Rayuela que hablaba del “lobby judío». Evocaban así el antisemitismo más clásico de Los protocolos de los sabios de Sion. Hay que liberar a Palestina, sí, pero no así. El fascismo puede colarse en cualquier movimiento social, no importa lo justo que sea. Hay que estar siempre atentos a este peligro y combatirlo cuando surge.

Ahora, ¿quiúbole con el feminismo hoy en día? ¿El fascismo está intentando colarse en este movimiento? ¿Hay personas dentro de él que están promoviendo una alianza con la derecha? ¿Hay personas que se oponen al patriarcado, pero por las razones equivocadas, como en el caso de Assad con el neoliberalismo? Bueno, el 23 de marzo de este año, Lidia Falcón del Partido Feminista Español se reunió con Alicia Rubio, una diputada de Vox, en un acto contra la Ley Trans organizado por HazteOír, entonces creo que podemos decir que sí, más claro no podría ser.

El peligro del fascismo en el feminismo

Es innegable a estas alturas que cierto sector del feminismo ha buscado una alianza con la ultraderecha para oponerse a los derechos de las personas trans. Una de las consignas más populares de esta convergencia extraña – la de “mujer = hembra humana” – fue acuñada por Posie Parker, una mujer que se opone públicamente al movimiento Black Lives Matter y que ha sido fotografiada con negacionistas del Holocausto. Otras radfems han incorporado su antisemitismo más directamente a su activismo anti-trans. Jennifer Bilek escribe sobre el vínculo entre “transgenerismo y judaísmo” para promover el transhumanismo (ecos de Paty Navidad). Sus teorías sobre la influencia de George Soros y otros financiadores judíos (siempre judíos) han sido promovido por los grupos transfóbicos Women’s Human Rights Campaign y Contra el Borrado de Mujeres. Éste último, por cierto, fundado por una diputada del PSOE) y por Sheila Jeffreys, autora de El género daña.

Éstas no son meras violencias discursivas: desde el otoño pasado, grupos de radfems en CDMX han estado vandalizando los bares gays del Centro Histórico y la Zona Rosa. Aunque muchas veces se enfocan en la comunidad trans, realmente van en contra de todas las letras del acrónimo. En Toluca, este marzo otro grupo de radfems amenazó con un bate con alambre de púas a varias mujeres trans que intentaron usar un baño público. Y en el incidente tal vez más grave, en abril, un grupo de radfems intentó atacar a la Tianguis Sexodisidente en la Glorieta de Insurgentes. Afortunadamente fracasaron, pero antes de su retirada, dejaron un bonito mensaje: “Muerte a los trans”. Como era predecible, un discurso de deshumanización del Otro se intensificó hasta llegar a violencias concretas.

La respuesta del feminismo ante las violencias contra personas trans

¿Cuál ha sido la respuesta del movimiento feminista a estas violencias que se fermentaron a su interior? Con algunas excepciones admirables, silencio. Otras veces se habla de sororidad: se dice que no necesariamente están de acuerdo con los planteamientos que hacen sus compañeras, pero sostienen que su deber es estar con las morras. Es un país feminicida, dicen. Pero también es un país transfeminicida, es el segundo lugar mundial en violencias contra las mujeres trans después de Brasil. La ironía es que la sororidad con agresoras es el reflejo de algo que las feministas han denunciado con mucha precisión: el pacto patriarcal. En los dos casos, los agresores son una minoría, pero gozan de impunidad porque otras personas han tomado una decisión consciente de encubrir sus violencias.

@laurelyeye

Qué sí es la ##sororidad y qué no ##parati ##fyp ##foryou ##foryoupage ##paratupagina ##feminismo ##radfem ##aprendeentiktok

♬ sonido original – Láurel Miranda

Ahora, ¿qué hacemos? Empecemos rompiendo el pacto sororo y denunciando las violencias transfóbicas y discursos deshumanizantes aunque se vistan de feministas. Reconozcamos que estamos en una lucha tridireccional, contra el patriarcado y contra otras fuerzas que tienen una lucha real contra el patriarcado, pero que, si avanzan, impondrían otro sistema que terminaría siendo una pesadilla para las disidencias sexuales y de género.

Hay esperanza

A finales de abril, la Okupa Cuba Monumenta Viva publicó un comunicado. «Ante la urgencia de ser acuerpadas para defender el espacio frente a un posible enfrentamiento con la policía de CDMX, se permitió la entrada de personas que, escudándose en la teoría feminista radical, sostenían un discurso transodiante», señala el mensaje. «Con mucha humildad y paciencia, hemos trabajado internamente en erradicar tales discursos», se agrega. También han empezado a trabajar con Kenya Cuevas y la Casa Hogar Paola Buenrostro para forjar vínculos entre mujeres cis y trans que necesitan refugio.

Un mes después, en el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, en ese espacio, que el otoño anterior se había declarado transexcluyente y que había expulsado a todas las personas trans de la okupa, había ahora una intervención: una pinta con la consigna “Estamos Juntrans” en el patio.

Estas acciones representan un camino que seguir hacia el futuro, en que podemos sanar estas divisiones y construir una sororidad real, una que esté siempre con las víctimas, nunca con las agresoras.

Les tiktokers trans que te harán descargar la aplicación

Tiktokers trans

¿Te ha pasado que como persona aliada te resulta difícil desbaratar los discursos transfóbicos que sueles escuchar aquí y allá? Sabemos que la falta de información sobre las personas trans es un problema. Sin embargo, si algo podemos afirmar es que nuestra comunidad produce una gran cantidad de contenido que puede ser de utilidad para ti.

Actualmente las redes sociales son plataformas en las que constantemente nos encontramos con información falsa o inexacta sobre las personas trans. Pero dentro de ese mar de cuentas y perfiles, también los hay que producen contenido de calidad. Y lo más importante: que nos hablan desde la propia experiencia de las persona trans.

Si eres realmente una persona aliada y deseas conocer más sobre nuestras experiencias, esta información es para ti. Aquí te compartimos cuatro cuentas de Tiktok de personas trans que te permitirán generar empatía y que te brindarán herramientas para combatir los discursos transodiantes.

Mauro Alessandri

Empecemos por la cuenta del actor y modelo trans Mauro Alessandri, un hombre trans que a través del humor suele hacer papilla la transfobia.

@heismauro

🏳️‍⚧️ ¿BIOLOGÍA BÁSICA? 🏳️‍⚧️ ##parati ##fyp ##foryou ##lgbtq ##trans ##transgenero ##ftm ##biologia ##queertok ##viral ##hombrestrans

♬ Blue Blood – Heinz Kiessling & Various Artists

Lo cierto es que el perfil de Mauro va más allá y reflexiona sobre el machismo y la misoginia que se ejerce contra mujeres. Y no sólo contra mujeres cisgénero, sino también transgénero y contra aquellas identidades y corporalidades que performan o son leídas bajo lo femenino.

@heismauro

¿MICROMACHISMOS? ##Invertido ##parati ##fyp ##machismo ##micromachismo ##lgbtq ##yosoycreador ##aprende ##tiktokinforma

♬ Butter – 방탄소년단 (BTS)

Por si fuera poco, Mauro también nos ayuda a comprender la distinción entre machismo y masculinidad. Se trata de un tema por demás importante, pues ciertos sectores transfóbicos suelen atacar a los hombres trans al considerar que toda identidad que performe lo masculino es incorrecta.

@heismauro

MASCULINIDAD VS MACHISMO 😳 ##escuelatiktok ##contextoplis ##tiktokinforma ##yosoycreador ##machismo ##fyp ##parati

♬ Did It On’em – Nicki Minaj

Láurel Miranda

La periodista Láurel Miranda cuestiona en sus videos las prácticas y discursos de odio que en ocasiones se disfrazan de feminismo.

@laurelyeye

pintas ##radfem en UANL ##voiceeffects ##homofobia ##fyp ##parati ##paratupagina ##feminismo ##Lgbt ##stophomofobia ##stopmisoginia

♬ YMCA – Original Version 1978 – Village People

Asimismo, Láurel Miranda cuestiona las simpatías y alianzas que se establecen entre ciertas colectivas feministas con personajes vinculados a la ultraderecha más conservadora.

@laurelyeye

##BrujasDelMar y ##MarcelaLagarde ##parati ##paratupagina ##fyp ##aprendeentiktok ##feminismo ##transfeminismo ##radfem ##feminismoradical

♬ sonido original – Láurel Miranda

En un formato que asemeja a un reporte noticioso, la periodista también combate el racismo que en ocasiones proviene de los personajes menos pensados.

@laurelyeye

Los blancos nos explican cosas ##Racismo ##Antiracismo ##fyp ##parati ##paratupagina ##PoderPrieto ##DondeHayPrieturaHaySabrosura ##WhiteSaviorComplex

♬ sonido original – Láurel Miranda

Oliver Nash

El periodista es una de las personas trans más activas en redes sociales. No hay espacio donde el argentino no logré causar impacto: ya sea con sus reflexiones a través de Twitter, imágenes por medio de Instagram o videos breves en TikTok.

@olivernashbb

apoya a tu hijx ##trans##chicotrans ##nobinaries ##chicatrans ##lgbtq ##educacionsexual ##pronombres ##padres ##madres ##hombretrans ##identidaddegenero

♬ Pieces (Solo Piano Version) – Danilo Stankovic

Los consejos de Oliver son tan reconfortantes para las personas trans como para las familias y amigues que desean apoyarles.

@olivernashbb

Responder a @bubble.gum_prince hola, tu hijo es ##trans, espero que así lo entiendan y respeten

♬ sonido original – Oliver

Algo que se agradece de Oliver es la forma en que ha compartido con toda su audiencia la forma en que su cuerpo y voz ha cambiado desde que comenzó con su tratamiento hormonal.

@olivernashbb

cambios en la voz 😀 ##testo ##testosteroneupdate ##trans ##transgender ##transvoiceupdate ##testosterona ##transition ##lgbt ##transman ##hombretrans

♬ sonido original – Oliver

Emma Palmina

El perfil de Emma Palmina también es ideal para ti. La tiktoker y youtuber suele enfrentar sin pelos en la lengua todas aquellas frases transfóbicas con que nos suelen atacar a las personas trans.

@emmapalmina

No lo hagan, amixes 🙄 ##lasmujerestranssomosmujeres ##preguntasincomodas ##aprendeentiktok ##chicatransexual ##nolohagas ##translivesarehumanlives ##lgbtq

♬ sonido original – Emma Palmina

Emma Palmina es también una fiel defensora del lenguaje igualitario o lenguaje inclusivo, como sea que gustes llamarle.

@emmapalmina

vamos a ver quién se incomoda… 🤔🤗 ##lenjuageinclusivo ##lgbtmexico ##machistaopresor ##homofobia ##transfobia ##trans ##trend ##destacame ##parati

♬ sonido original – Atzimba

Y por supuesto, también suele lanzar sus argumentos en contra de las mujeres cisgénero transodiantes.

@emmapalmina

Responder a @abbihg ##transfeminismo ##lasmujerestranssonmujeres ##sororidad ##transrightsarehumanrights ##terf ##inclusion

♬ sonido original – Emma Palmina

Así que si aún tenías tus reservas sobre descargar o no TikTok, estas cuatro cuentas te harán instalarla ahora mismo en tu celular.

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La gestación subrogada, lo trans y el feminismo

Gestación subrogada

En los últimos años el debate alrededor de la gestación subrogada se ha vuelto un significante en disputa al que se han trasladado los conflictos y antagonismos entre feministas transodiantes y transfeministas. Por un lado, las primeras movilizan un discurso en que se busca imputar al conjunto de las personas trans la agenda de la gestación subrogada. Se argumenta que las políticas trans están aparejadas a estos proyectos moralmente cuestionables, al ser el sujeto trans consumidor y promotor de estos proyectos tecnológicos.

En cambio, del otro lado, muchxs transfeministas han comenzado a movilizar y defender la agenda de la gestación subrogada por considerar que ésta es rechazada por las mismas feministas transodiantes (veánse las declaraciones de la feminista española Lidia Falcón en relación con el tema) con argumentos similares con los que se busca rechazar la existencia trans y el trabajo sexual. Se dice que el reconocimiento de principios como la autonomía corporal y la propiedad sobre el cuerpo, en los que se ancla la experiencia trans y que históricamente han formado parte de la lucha feminista, necesariamente vincula nuestra política con una defensa de la gestación subrogada.

Hace unos días se anunció en medios de comunicación que en México la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) comenzó una serie de discusiones alrededor de la gestación subrogada y su estatus en todo el país. Hasta ahora se ha abierto la puerta a que sea cada Estado el que decida si regula las condiciones económicas de esta práctica, o si queda en la privacidad de las partes involucradas. La mediatización del debate en todo el país una vez más está llevando la discusión a los espacios feministas, y es importante que dentro del movimiento transfeminista repensemos las agendas a las que damos apoyo y hacemos parte de nuestras políticas. 

Un rechazo de la gestación subrogada no tiene que llevar a que el transfeminismo abdique de los principios de la autonomía corporal

Leah Muñoz Contreras

En lo personal, como mujer trans no me siento identificada con ninguna de las dos posiciones anteriormente descritas. No soy promotora de la gestación subrogada y, en cambio, en la gran mayoría de los casos como actualmente se realiza me parece ética y moralmente cuestionable. Considero que un rechazo de esta práctica no tiene que llevar a que el transfeminismo abdique de los principios de la autonomía corporal y la propiedad sobre el cuerpo, y mucho menos que tenga que construir una posición con los mismos argumentos que movilizan las feministas transodiantes para oponerse a esta práctica. Este breve ensayo es un intento de repensar la práctica de la gestación subrogada desde una perspectiva radicalmente transfeminista.

Gestación subrogada.

Gestación subrogada: de transgresiones tecnocorporeizadas y mercados reproductivos

Para comenzar vale la pena decir que la gestación subrogada es el proceso mediante el cual con el uso de tecnologías de reproducción asistida una persona, en su gran mayoría mujeres cisgénero, gesta un embrión (generado con gametos de progenitores distintos) para formar un bebé que entregará a alguna pareja o persona soltera. Estos acuerdos idealmente están mediados por el consentimiento informado de la mujer que gestará, y pueden tomar la forma de contratos comerciales o altruistas dependiendo los marcos legales del país donde se realice.

La diferencia entre la versión comercial y la altruista es que la primera es explícitamente ejecutada como un intercambio comercial en donde hay un pago económico a las mujeres por participar en estos procesos. En la segunda, muchas veces propuesta como una vía para cerrarle la puerta a la posible explotación de mujeres que podría generar la primera versión, lo que motivaría es la intención altruista de ayudar al proceso de formación de un bebé. Es por esto que puede haber o no compensaciones económicas entendidas no como un pago sino como una forma de retribuir a las mujeres por su tiempo invertido e imprevistos que surjan a lo largo del proceso. Aunque teóricamente esto parecería claro, algunas autoras han señalado que en los hechos muchas veces esa distinción no es tan clara y las compensaciones económicas terminan fungiendo como pagos que motivan la participación.

Es esta ambigüedad la que, de acuerdo con las sociólogas Melinda Cooper y Catherine Waldby, ha jugado para la formación de mercados reproductivos internacionales en los que empresas con clínicas privadas a lo largo del mundo se enriquecen de gestionar la conexión y los procedimientos médicos entre las parejas ricas del Norte Global con las mujeres gestantes del Sur Global, en donde la práctica suele ser abaratada y permitida. Por mencionar un ejemplo, de acuerdo con el diario El País, en México un paquete de gestación subrogada puede salir entre 500 mil y 700 mil pesos, la mitad de lo que cuesta en Estados Unidos, de los cuales entre 70 mil y 100 mil son destinados a las mujeres gestantes, y el resto se lo quedan las clínicas. Entre el 2013 y el 2015, el 95% de quienes solicitaban este procedimiento en el país eran extranjeros.

Este fenómeno en el que los procesos y materiales biológicos reproductivos quedan articulados bajo la lógica de la ganancia capitalista es al que muchas teóricas feministas y activistas han llamado biocapitalismo reproductivo. Este biocapitalismo plantea una serie de retos al movimiento de mujeres y LGBT+ ya que las tecnologías reproductivas así como permiten transgredir los cuerpos, la reproducción y la familia, erosionando los imaginarios cisheterosexuales, también pueden quedar insertas en proyectos que generen la opresión de algunas mujeres.

En el caso específico de la gestación subrogada, ésta permite que personas LGBT+ puedan tener hijxs biológicos al hacer de la reproducción algo ya no propio de la cisheterosexualidad. Si antes las sexualidades no-cishetero eran consideradas infértiles, ahora ni el cuerpo, ni la orientación sexual, ni la identidad de género son una limitante para la reproducción y el vínculo genético. La única limitante, en todo caso, es la que pone el capitalismo para poder acceder a cualquier mercancía: tener poder adquisitivo. Mientras unas mujeres y personas LGBT+, con poder adquisitivo y de clases medias y altas, pueden acceder al consumo de estos proyectos tecnológicos, otras mujeres, en su mayoría precarizadas, se ven arrojadas a participar en estos contratos para poder acceder a bienes y servicios básicos como la salud, la educación o la vivienda.

Esto último ha generado que algunas teóricas y activistas planteen que hablar de gestación subrogada es también hablar de explotación de los cuerpos de las mujeres en situación de vulnerabilidad. Lo anterior abre una serie de preguntas y preocupaciones morales, éticas, filosóficas y políticas sobre los derechos humanos, sexuales y reproductivos, el acceso a la ciencia y la tecnología, y a la justicia.

Transfeminismo y justicia reproductiva

A finales del siglo pasado, en la década de 1990, surgió en Estados Unidos el movimiento por la Justicia Reproductiva (JR) a raíz de una serie de críticas de las feministas negras a las feministas blancas. La idea central de la justicia reproductiva es que la experiencia reproductiva es un derecho humano que tiene que ser garantizado de manera digna y segura. Más específicamente, la JR se compone de (i) el derecho a no tener hijxs, (ii) el derecho a tenerlos, y (iii) el derecho a tenerlos en ambientes seguros y sanos.

Y para entender mejor la JR es importante mencionar brevemente que este concepto y movimiento surge a partir de que las mujeres de color criticaran las políticas feministas de las mujeres blancas centradas en el aborto. Señalaban que esto sólo rescataba la perspectiva e intereses de las mujeres blancas, ya que los cuerpos de éstas históricamente habían sido controlados por el Estado con políticas pronatalistas. En cambio, las mujeres negras habían sido marcadas por políticas antinatalistas y de desintegración familiar, al ser el Estado racista quien participara en la esterilización forzada de sus cuerpos y en la separación de los hijxs por considerarlas malas madres o incapaces de participar en su crianza.

Es por esto que el derecho a tener hijxs también tenía que ser una demanda central del movimiento de mujeres, pero no sólo eso sino tenerlos en ambientes seguros y sanos. De esto último se desprende que para el movimiento de la JR garantizar el derecho humano a la reproducción va ligado a generar cambios sociales estructurales que permitan que sea un derecho universal y no un privilegio de unos cuantos.

El derecho humano al acceso a las ciencias y las tecnologías no tendría que vulnerar la dignidad y la autonomía de los cuerpos de las mujeres

Siobhan Guerrero

Si esto es importante para la discusión de la gestación subrogada es porque, sin lugar a dudas, la reproducción y el acceso a las tecnologías que posibilitan la experiencia reproductiva –ya sea para posibilitarla o evitarla–, son un derecho humano. Sin embargo, las propias teóricas de la JR reconocen que no es un derecho absoluto en donde no importen las implicaciones éticas y los riesgos de quienes participan. Para ellas, hay que ser vigilantes de que los derechos humanos de quienes participan sean respetados. En un sentido similar, la filósofa Siobhan Guerrero ha señalado que el derecho humano al acceso a las ciencias y las tecnologías no tendría que vulnerar la dignidad y autonomía de los cuerpos de las mujeres.

En la gestación subrogada lo que vemos es que mientras que algunas acceden a este derecho en calidad de consumidoras, otras lo hacen en calidad de materia prima. El cuerpo de unas mujeres se vuelve un derecho que apropian otrxs. Y en este sentido, como lo señala la JR con su fuerte compromiso con los derechos humanos, un derecho que no es universal no es un derecho sino un privilegio. Pero, incluso si la gestación subrogada fuera un derecho universal, queda pendiente que no se vulneren los derechos humanos, la autonomía y dignidad de quienes participan en el proceso. 

Contrario a como lo suelen argumentar muchas feministas, la gestación subrogada en vez de aumentar la autonomía corporal de las mujeres, más bien parece disminuirla. La filósofa Anne Phillips señala que aunque es verdad que todos los cuerpos participan de cierta pérdida de autonomía corporal al ser mercantilizados en los contratos de trabajo de nuestras sociedades capitalistas, la gestación subrogada lleva al límite esa pérdida de autonomía al colocar el cuerpo bajo el control médico extremo por periodos de tiempo prolongados (nueve meses) que superan por mucho a cualquier jornada laboral. Además, a este control del cuerpo se agrega que las mujeres que participan de estos contratos tienen que abdicar de derechos humanos como el aborto.

La razón más fuerte que Phillips da para oponerse a los mercados reproductivos es que, asegura, ellos se anclan en la desigualdad social. Si los mercados en general son generadores de desigualdad, los mercados reproductivos dependen aún más de ella para existir. Que un sujeto otorgue una capacidad biológica, y no una destreza o habilidad humana, como medio de subsistencia, es algo que sólo puede pensarse en condiciones de extrema desigualdad (como también sucede en los casos de venta órganos). Y es por esta razón que una vez más se cuestiona qué tan autónomas son las decisiones de entrar en estos contratos en contextos de extrema desigualdad. 

Al contrario, parece que la gestación subrogada en vez de promover la justicia reproductiva más bien promueve y se apoya en injusticias reproductivas. La filósofa Alison Bailey ha abordado la gestación subrogada en India haciendo uso de la teoría de la JR. Ella da cuenta de que mientras no se garantizaban de forma universal servicios y derechos reproductivos a las mujeres en India, el país se había convertido en el destino de las clínicas reproductivas con las tecnologías más avanzadas. Su preocupación residía en que fuera la falta de acceso a derechos humanos garantizados por el Estado (incluidos servicios médicos para la salud reproductiva) lo que motivara a las mujeres a participar de estas prácticas.

Gestación subrogada.

La justicia reproductiva para las personas LGBT+ no tiene que conseguirse a costa de generar injusticias reproductivas a las mujeres

Leah Muñoz Contreras

Una perspectiva transfeminista radical tendría que considerar estos escenarios y contextos en que se implementan estas promesas tecnológicas. Una posición crítica con la tecnología implica reconocer que ésta es ambivalente y que no todas las tecnologías son emancipatorias para las mujeres. Un rechazo a estos proyectos tampoco tiene que comprometernos con un punitivismo que persiga a las mujeres que deciden participar en estas prácticas, aunque ciertamente no considero que lo mejor sea promoverlas y construirles un andamiaje legal para que las empresas se instalen a extraerle ganancia a los cuerpos de las mujeres. La justicia reproductiva para las personas LGBT+ no tiene que conseguirse a costa de generar injusticias reproductivas a las mujeres.

Por último, quisiera señalar brevemente un fenómeno al que han apuntado varias teóricas feministas. La retórica de la propiedad sobre el cuerpo dentro del movimiento feminista en el contexto del neoliberalismo ha desembocado en que a éste se le ha dado un significado mercantil. Esto resulta importante porque en el contexto de los mercados reproductivos, la retórica de la propiedad sobre el cuerpo puede llevar a que las mujeres sean colocadas en situaciones de vulnerabilidad. Para algunas filósofas y politólogas, como Rosalind Pollack Petchesky, hay que resignificar la noción de propiedad y alejarla de sus connotaciones mercantiles que ha adquirido en el contexto del neoliberalismo en donde la noción de propiedad se ha absolutizado dándole a las empresas la oportunidad de hacer uso del cuerpo de las mujeres (véanse algunos debates en YouTube en donde médicos de clínicas privadas defienden la gestación subrogada por estar ligada a los principios feministas de la propiedad del cuerpo). Históricamente la apelación a la propiedad del cuerpo en el feminismo ha estado asociada al autocuidado y la autodefinición.

Con lo dicho en todo este texto, el rechazo a la gestación subrogada no tendría que significar una vulneración de la autonomía corporal de las mujeres sino un rechazo a que el mercado busque disminuirla al apoyarse en una retórica mercantil de la propiedad sobre el cuerpo.

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Infancias trans: los otros invisibles

Cuando era pequeño siempre quise ser bailarín y no me dejaron; a pesar de que ninguna otra actividad física me hacía feliz, no era lo esperado para mí, y además, no había escuelas de danza que aceptaran “varones” en Villahermosa, Tabasco.

Cuando mi hermana iba en la primaria siempre quiso una Barbie con el pelo rizado y la piel morena como ella; la consiguió hasta los 10-12 años porque una tía viajó a Estados Unidos y le regalo a Christie, la amiga afroamericana de Barbie, una muñeca con una cabellera hermosa y un jumper plateado.

Durante su niñez mi madre siempre quiso ser aeromoza y no la dejaron, pues mi abuela muy a pesar de defender que cualquier trabajo dignificaba no quería que su hija fuera “mesera en un avión”; terminó volviéndose maestra y lleva más de 3 décadas al servicio de la educación. Mi madre me inculcó el amor por su profesión y también gracias a ella decidí dedicar mi vida a velar y trabajar por el bienestar de la niñez y la adolescencia.

Vivimos en 2021 y es sorprendente que tantos asuntos acerca de las vivencias, deseos y necesidades de las personas menores de 18 años sigan siendo ignoradas. Pasando del acceso universal a la educación, hasta cosas que debieran ser más sencillas como la representación en medios de todos los géneros, cuerpos y colores de piel (porque bien dicen que “nadie puede ser lo que no sabe que puede ser”).

En 2014 la organización no gubernamental Mexicanos Primero publicó Los Invisibles, un reporte que puso sobre la mesa el gran abandono en el que se encontraba en ese momento la primera infancia en nuestro país, dando especial énfasis a los niveles bajísimos de inscripción a educación inicial en todo el territorio nacional. Los Invisibles fue uno de los motores detrás del movimiento que culminó con la publicación en 2020 de la Estrategia Nacional de Atencion a la Primera Infancia (ENAPI) por parte del gobierno federal, teniendo como fin “proporcionar a la niñez de México desde su nacimiento, un trato y acompañamiento que los reconozca como personas con plenos derechos y seres a los que se les procure amor y un cuidado cariñoso.”

Es tiempo de comenzar a hablar de Los otros invisibles: las infancias trans y no binarias; esas infancias a las que México les ha fallado en más de una ocasión y para las que no existen en la actualidad leyes que otorguen protección, una sociedad comprensiva y preparada, educación pública sensible e inclusiva, ni mucho menos servicios de salud gratuitos y de calidad.

En México se toma a la primera infancia como el periodo comprendido entre el nacimiento y los 6 años, siendo también éste el periodo en el que suele afianzarse la identidad de género y en el que una persona puede decir casi con certeza “soy niño” o “soy niña” (lo cual es bastante distinto a “me molestan los moños” o “me gustan los vestidos”; hay que desaparecer esa idea absurda de los cerebros de colores).

La Ley General de Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes incluye entre muchos puntos el derecho a la identidad, que a su vez implica el tener un nombre y que éste sea respetado; cualquier persona debería poder realizar trámites de cambio de género e identidad en documentos legales con facilidad y sin que su edad fuera un obstáculo. Se nace con derecho al mismo trato y oportunidades para que las libertades fundamentales sean reconocidas, gozadas y ejercidas, incluyendo el derecho sobre el propio cuerpo; recordemos siempre que somos personas desde el momento en que llegamos al mundo. El derecho a la salud y la protección de la vida también son esenciales; sabemos que la esperanza de vida de una mujer transgénero en México es de 34 años por distintas razones entre las que se incluye el suicidio. ¿Asegurar una transición oportuna, acompañamiento y apoyo desde lo más temprano posible no son una forma de salvarles la vida?

Existe esta tendencia totalmente errónea y centrada en el adulto en la que las personas solemos tomar decisiones acerca de niñas, niños y adolescentes basándonos en “lo que yo creo que es mejor” o “lo que yo quiero para su bienestar”, cuando la realidad es que deberíamos asegurar siempre que tengan simplemente “lo que necesitan”. Todas las personas tenemos las mismas necesidades básicas y nunca debemos dejar de lado al amor, el cariño, el apoyo y la comprensión.

Los programas de educación médica no suelen incluir un temario específico acerca de atención a población LGBTI+; menos aún los programas de educación en Pediatría. Para muchos pediatras, hablar de identidad de género e incluso de educación sexual básica suele ser un tema incómodo, pero tiene que empujarse; muchos médicos no lo hacen por un infundado temor a “manchar su imagen” o a “perder pacientes”.

México cuenta con profesionales con formación en Endocrinología Pediátrica capaces de valorar adecuadamente y llevar el seguimiento a cualquiera que en un momento dado llegara a requerir bloqueadores de pubertad u otros tratamientos, lo que no existe en este momento son servicios de salud accesibles, médicos generales o Pediatras con la formación y la sensibilidad para brindar atención básica a esta población en específico.

En Estados Unidos existen casi media centena de programas de atención clínica creados para atender a población pediátrica y adolescente con identidades de género disidentes, mientras en México al momento no se cuenta con un solo centro de este tipo. Incluirles en los programas para adultos y brindarles espacio en los mismos lugares no tendría sentido ni sería lo más ideal, pues las necesidades que tienen estas personitas y sus familias son muy distintas a las de los usuarios para quienes fueron creados.

Los pacientes de los y las pediatras no son los padres de familia ni la sociedad, son las niñas, niños y adolescentes; debemos actuar en consecuencia. Las infancias trans se merecen personal médico preparado y somos nosotros quienes tenemos la obligación de seguir educándonos y de hacer entender a una buena parte de la sociedad y del mismo gremio que atender a menores con identidades trans o no binarias no es administrar tratamientos hormonales a cualquiera que se pare en el consultorio, como muchas personas creen: implica cosas más “simples” como acompañamiento escolar, apoyo familiar, respuestas adecuadas y atención por los mismos padecimientos por los que cualquier otro menor puede requerir valoración pediátrica.

En algunos años voltearemos al pasado y veremos todo esto como una etapa más en la historia. En este momento el cambio está en nuestras manos y es labor de todes conseguirlo. El odio y la intolerancia se combaten señalando las injusticias, empujando límites, educando en cada oportunidad y dando visibilidad a las minorías.

A veces dicen que lo que no se ve no existe; a las infancias y adolescencias trans/no binarias de nuestro país les sucede algo paradójico: existen, es hora de que sean vistas.

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Walking Around Like a Trans Man

Adaptación resignificada del poema Walking Around, de Pablo Neruda

Antes de transitar:

Sucede que me canso de NO ser hombre.

Sucede que entro en las estéticas y en los cines

marchita, impenetrable, como un cisne de fieltro

navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.

Sólo quiero un descanso de palabras o de nada,

sólo quiero no ver maquillajes ni botines,

ni bisutería, ni faldas, ni sostenes, ni mi cara.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas mal pitadas

y mi pelo largo y mi sombra hipócrita.

Sucede que me canso de NO ser hombre.

Sin embargo, sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado

o dar muerte a una monja con un golpe de protesta.

Sería bello

ir por las calles con un cuchillo azul, rosa y blanco

y dando gritos hasta morir de hastío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,

vacilante, extendida, tiritando de sueño,

hacia abajo, en las tripas mojadas de mi tierra,

absorbiéndome y pensándome, comiéndome cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba,

de subterráneo sola, de bodega con muertas,

aterida, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

-la cárcel que es mi cuerpo-

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas cosas

    húmedas

de lágrimas,

a hospitales donde las que son como yo salen por la ventana,

a ciertas habitaciones con olor a vinagre,

a calles espantosas como grietas,

a esquinas con compañeras que no me reconocen como uno de ellas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles

    instintos

hablando detrás de las puertas de las casas que odio,

hay fotos viejas olvidadas en mi cartera,

hay espejos

que siguen llorando de vergüenza y espanto,

hay paraguas en todas partes, y venenos, y

    ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,

con furia, con olvido,

paso, cruzo oficinas y tiendas de ropa femenina,

y patios; donde hay ropas colgadas de un alambre:

lencería, toallas y camisas que lloran

lentas lágrimas sucias.

Sucede que me canso de que no me vean hombre,

que lo más íntimo, lo honesto, lo orgánico y sincero

sea lo invisible.

Que no pueda verme detrás del disfraz

reflejado en los espejos de las casas vacías

donde retumba el eco del nombre

que sí nombra a este hombre.

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De silencios y palabras. Los transfeminismos de la hispanidad

De silencios y palabras

Hace unas cuantas semanas se publicó en España el libro Alianzas Rebeldes. Un feminismo más allá de la identidad en el cual tuve la oportunidad de participar con un texto que invita a reexaminar las dinámicas intelectuales y políticas de la hispanidad a la luz del pensamiento decolonial. Aquel libro es un intento por articular una alternativa a una serie de posturas que hoy parecen dominar gran parte del pensamiento de izquierda. Concretamente, el libro se posiciona frente al punitivismo, al identitarismo / esencialismo y, finalmente, ante una serie de posturas que son calificadas como anti-sexo.

            En cualquier caso, hay un aspecto del libro que merece una discusión más fina y que tiene que ver con el auge de las lógicas identitarias / esencialistas que hoy son tan populares. Hablo específicamente de ciertas formas de operar en el espacio político que muchas personas retoman y que conducen al silencio. Si bien los autores que abordan estos puntos no lo hacen de una manera homogénea, podríamos sugerir que su preocupación orbita alrededor de la siguiente formulación: “si usted es hombre (o cisgénero, o heterosexual, o blanco, etc.), entonces debe callarse y escuchar cuando se habla de feminismo (transfeminismo / movimiento LGBT / antirracismo, etcétera), o cuando hablan las mujeres (o las personas trans, LGBT, racializadas, etc)”. Como bien se señala en el libro, en la actualidad todo buen aliado sabe que su lugar es el silencio y que nunca jamás debe aspirar a ser parte de un movimiento identitario si resulta que no encarna tal identidad.

            Esta apuesta, como bien señalan autores como Miquel Missé, Josetxu Riviere y Sejo Carrascosa  resulta sin embargo problemática pues fomenta una comprensión esencializada de la política en la cual los saberes situados se convierten en cárceles epistemológicas a las que nos han condenado los determinismos biológicos o sociales. Esto es así porque pareciera que ni la imaginación política, ni la empatía, ni la propia escucha son capaces de hacernos comprender al otro. La alteridad se fuga radicalmente a una posición inasible e inaccesible. Ese otro radicalmente otro al que se nos dice que debemos escuchar está sin embargo radicalmente ausente en su cercanía; es un habitante de Babel y todo lo que nos dice se pierde en ese abismo de la diferencia. Menudo problema el construir un horizonte común si nadie puede hablar y, aunque lo haga, no nos resultará inteligible.

            Ahora bien, muy probablemente muchas personas que me están leyendo sientan que se caricaturiza un fenómeno más complejo. Evidentemente así es. Sin embargo, detrás de esta caricatura hay una preocupación real que muchas personas trans españolas comparten y que en México nos resulta ajena. Según me han contado, la gran demanda que hace cierto transfeminismo español es evitar a toda costa la censura y fomentar el diálogo y el libre intercambio de ideas. Por el contrario, acá en México muchas personas trans pedimos que se nos escuche, que no se le dé voz a las expresiones transfóbicas y que no se le dé plataforma al discurso de odio. Es claro que estamos defendiendo estrategias políticas muy distintas y que pueden parecer casi antagónicas.

            Empero, yo querría evidenciar que ni acá en México somos fascistas ni allá en España son insensatos. De hecho, aunque no lo parezca en un primer momento, hay en ambas posiciones un elemento común pero que no es fácil de identificar si sólo atendemos a las demandas más obvias. En primer lugar, la relación entre las personas trans, los medios, la población en general y la clase política es muy distinta en México y en España. Allá, los medios están dominados por posturas transfóbicas que no le dan voz a personas trans y, cuando lo hacen, distorsionan profundamente sus ideas.

            Por el contrario, acá en México la clase política parece enfrascada en una guerra fratricida en la cual ni la voz de las personas trans ni de muchas otras corrientes es escuchada. Eso sí, hay algunas pocas voces tanto en la política como en los medios que hacen eco de las voces trans. Gracias a eso se han obtenido importantes avances legislativos en los últimos años. Esto desde luego no implica que estamos mejor que en España pero sí implica que el paisaje es diferente.

            Si allá el movimiento trans exige la libertad de expresión y el fin de la censura, es porque no tienen una voz que incida en la clase política. Si acá el movimiento trans exige la escucha y el combate al discurso de odio, es porque la transfobia (aún) no es hegemónica en los medios o en las clases políticas. Acá se busca por tanto evitar una discusión en la cual España ya está enfrascada y que en México querríamos eludir pues amenaza con aumentar las vulnerabilidades de nuestra población.

            ¿Qué tienen en común ambas posturas? Básicamente, que en ambas se evidencia lo que en filosofía política se conoce como el problema del reconocimiento del otro. Este problema ha sido abordado tanto desde la Teoría Crítica (p. ej. Axel Honneth) como desde los enfoques poscoloniales y decoloniales. De manera sucinta, en todos estos enfoques se realiza una crítica al deliberacionismo y a la democracia liberal al considerar que ésta presupone una igualdad entre los sujetos que conforman a una sociedad que sencillamente no existe. Si el subalterno no puede hablar, como dice Gayatri Spivak, es porque no es reconocido como un igual; muchas veces ni siquiera es reconocido como un ser humano. Sus acciones no son leídas como actos políticos y sus protestas son reducidas a agresiones “incivilizadas y violentas”. La deshumanización del otro socava así la posibilidad misma de la deliberación porque si el otro no es humano, entonces de qué sirve darle la palabra. Peor aún, dejarle participar en el ágora es abrirle la puerta a los bárbaros que no sólo no saben dialogar sino que son una “amenaza” para la democracia y la sociedad.

            Todo esto me lleva al punto del porqué escribí un ensayo sobre decolonialidad en un libro que será leído fundamentalmente en España. En primer lugar, porque creo que al transfeminismo le hace falta una lectura decolonial; y no hablo únicamente de México o América Latina. Al transfeminismo español, incluso el transfeminismo español más blanco, le hace falta decolonialidad. Esto es así porque su diagnóstico del problema está construido bajo los supuestos del deliberacionismo y en ese sentido se les escapa que el problema del reconocimiento del otro no se resuelve fomentando la libertad de expresión y la crítica plural, no mientras las personas trans sigamos ocupando el lugar de lo abyecto o de lo no humano. Su diagnóstico resulta ingenuo en realidades como las latinoamericanas porque una apertura al diálogo presupone el reconocimiento del otro como persona y como ser humano; eso aún no ocurre. Incluso allá en España los efectos del discurso transfóbico no consisten únicamente en el silenciamiento de las voces trans; sus efectos no son meramente epistémicos sino que tienen un alcance ontopolítico. Construyen a lo trans como algo abyecto y amenazante y que, por ende debe ser regulado o expurgado de la sociedad.

            Esto es, tanto allá como acá no hay una mera asimetría comunicacional, lo que hay es una asimetría ontopolítica en la cual los modelos coloniales/modernos de entender al cuerpo sexuado, todos ellos plagados de sesgos cis-heterosexistas, producen posiciones radicalmente asimétricas en el plano mismo del ser. La colonialidad del saber y del poder produce, como han dicho Mignolo y Lugones, una colonialidad del ser que universaliza, naturaliza y legitima al cis-hetero-patriarcado. De allí que la resistencia a esta ola de transfobia requiera dar un paso atrás tanto de las simplezas que creen que el silencio basta –no lo hace si en el camino re-esencializa– como de aquellas otras que creen que con la palabra basta –no lo hace si en el proceso valida como interlocutor al discurso que una y otra vez nos deshumaniza–.

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Trans Voices: Nuestrans voces importan

¿Qué sabes sobre las personas trans? Es probable que sólo hayas escuchado hablar de nosotras a través de los medios de comunicación. Y es probable, también, que ahí hayas leído alguna noticia sobre la trágica vida de una mujer trans que terminó en muerte, en asesinato. O bien, que hayas visto algún reportaje en televisión sobre los supuestos abusos que realizamos en nuestro cuerpo al practicarnos múltiples cirugías estéticas. Y de los hombres trans o personas no binarias, mejor ni hablamos… porque de ellos es probable que no hayas escuchado nada todavía, salvo tal vez los nombres de Elliot Page o Demi Lovato, aunque sin entender muy bien de qué va su identidad. 

Por eso este junio de 2021 llega TRANS VOICES, un portal creado por y para personas trans, no binarias y aliadas. Hoy más que nunca urge que la sociedad nos escuche, nos mire, nos respete y valore nuestra existencia. Por eso, aquí la audiencia podrá encontrar un sinnúmero de voces trans, quienes expondremos de primera mano nuestros pensamientos, preocupaciones, sueños y pasiones, porque la historia de las personas trans no puede seguirse contando si no es a través de nuestras propias voces. 

Sabemos que los prejuicios y estigmas alrededor de nuestras identidades pesan en una sociedad como la mexicana, en la que por desgracia los grandes medios de comunicación no han hecho sino abonar con la desinformación. Por ello es que TRANS VOICES funcionará sí, como un espacio de catarsis para nosotres, pero también como una tribuna para hacer un llamado de atención a los medios sobre cómo debe realizarse una cobertura ética y digna sobre nuestras vidas y problemáticas, sin revictimizarnos, ridiculizarnos o menospreciarnos.

Asimismo, nos parece importante combatir los discursos transfóbicos y antiderechos, cada vez más fuertes no sólo en México sino en un mundo en el que la ultraderecha avanza de forma insospechada. Aquí desmontaremos los mitos y falacias que se han construido alrededor de nuestras identidades y para ello echaremos mano de la filosofía, biología, la psicología, la pediatría, la sociología, la lingüística, la literatura, el humor; en fin, lo haremos de las ciencias naturales, sociales, las artes y las humanidades, 

Es por eso que en TRANS VOICES encontrarás no sólo ensayos escritos, sino también entrevistas, podcast, videos, cuentos, poesía, música, ilustraciones, diseños de tatuajes, en fin, todo lo que producimos desde una comunidad trans poco explorada y apreciada por el grueso de la sociedad mexicana y vista con poco interés por los grandes medios, a quienes desde aquí enviamos un mensaje: 

Las voces trans merecemos ser escuchadas con el mismo respeto y consideración con que se escucha a las personas cisgénero, pues mientars eso no ocurra seguiremos expuestas, expuestos y expuestes a una violencia sistemática y que literalmente está acabando con nuestras vidas. 

LÁUREL MIRANDA

Fundadora y editora en jefe de TRANS VOICES.

Feminismo transfóbico + Psicología = Terapias de conversión

Terapias de conversión

La primera vez que acudí a atención psicológica tenía 15 años, acababa de salir del clóset como hombre cisgénero homosexual y alguno de mis padres sugirió que sería buena idea que alguien “me orientara”. La palabra “orientación” quería decir, sin embargo, que me regresaran al buen camino de la heterosexualidad. Para ese entonces, afortunadamente, yo ya sabía que unx profesional de la psicología no me haría desistir de mi orientación sexual sino que me apoyaría a encontrar mi propia aceptación. Y así ocurrió. Lo que no veía venir es que al relatarle mi historia de abuso sexual entre los 7 y 8 años, lx psicólogx me cuestionara si había disfrutado las relaciones (no, no es broma) y, de no ser así, por qué no había alzado la voz para pedirle a mis padres denunciar a mi agresor. La cereza en el pastel fue que dijo algo así como que debido a mi silencio probablemente mi agresor habría abusado ya de otras personas. 

¿Por qué les cuento todo esto? Bueno, pues porque me parece sumamente delicada la labor que realizan lxs profesionales de la psicología. Delicada en el sentido de que se requiere conocimiento, tacto y empatía para abordar las distintas situaciones que pudiera estar atravesando su paciente: en el caso antes descrito, de nada sirvió que mi terapeuta tuviera un buen entendimiento de las distintas orientaciones sexuales, pero no así del abuso sexual (infantil, además). Desafortunadamente aún en nuestros días hay psicólogxs que al ejercer su actividad profesional parten de sus prejuicios y no del conocimiento, ética y respeto a los derechos humanos. 

Terapias de conversión, Ecosig

Aunque mucho se ha hablado sobre las llamadas terapias de conversión (o esfuerzos para corregir la orientación sexual e identidad de género), al punto de que éstas sean castigadas en la Ciudad de México, parece ser que la discusión no ha sido suficiente: me disculparán mis compañeres LGB, pero esta vez quisiera concentrarme en lo peligrosas que pueden llegar a ser este tipo de torturas (porque lo son) entre las poblaciones trans. 

Decíamos en este mismo espacio que existe un feminismo excluyente cuyo discurso se opone a la autonomía corporal de las personas y que, en ese sentido, busca restringir la capacidad de decisión de aquellos cuerpos e identidades que lee como “incorrectos” o, para decirlo en sus palabras, como “agentes reproductores del patriarcado”: hablamos, por supuesto, de personas trans y no binarias, pero también de trabajadoras sexuales o aquellas mujeres que deciden recurrir a la práctica de subrogación de vientre. Me parece sumamente grave, sin embargo, que este feminismo plagado de prejuicios e ideas que se asemejan a las de la derecha más conservadora, sea la directriz desde donde algunxs psicológxs ejercen su profesión. 

Para quienes no estén familiarizadxs con el problema, lo describo brevemente: desde el feminismo radical transexcluyente se considera que no existen las personas trans, por lo que a las mujeres trans siempre se nos lee como hombres; en tanto, a los hombres trans se les entiende como mujeres confundidas ante una profunda misoginia interiorizada que les lleva a rechazar su identidad como mujer para intentar acceder a los privilegios masculinos a partir de una transición de género.

La violencia contra las transmasculinidades

¿Qué pasa entonces si mezclamos el feminismo radical transexcluyente con la psicología? Bien, pues tenemos a pseudoterapeutas intentando convencer a sus pacientes de que no son personas trans: particularmente a los hombres trans, porque vale decir, en tanto que estas psicólogas se identifican como feministas radicales sólo atienden a mujeres (u hombres trans, aunque se rehúsen a respetar su identidad sexogenérica). Al hablar del feminismo transexcluyente solemos referirnos mayoritariamente a las violencias que ejerce contra las mujeres trans, pero vale enfatizar que esta práctica, la de las terapias de conversión, es apenas una de las múltiples violencias que ejerce contra hombres trans. 

La visión de estas pseudoterapeutas es, además, limitada en lo que respecta al entendimiento de las diferencias entre orientación sexual e identidad de género. Convencidas de que las personas trans propiciaremos el borrado de mujeres heterosexuales y lesbianas (una teoría de conspiración tan descabellada como el terraplanismo), no pueden siquiera llegar a comprender que haya hombres trans homosexuales, es decir, que se sientan atraidos por hombres cisgénero o transgénero. 

De esta manera, su fobia ante las personas trans se sustenta en dos escenarios catastróficos: las mujeres trans terminaremos por invadir todos sus espacios, por violentarles físicamente, mientras que los hombres trans contribuirán a disminuir la población femenina, además de que impulsarán el uso de un lenguaje más inclusivo con el que se “borraría” palabras como “mujer”, “madre”, “maternidad” o “leche materna”. De ahí su rechazo tan contundente a que las leyes empleen construcciones más inclusivas como “persona gestante”, es decir, toda aquella corporalidad que sin importar su identidad de género, tiene la capacidad de procrear. ¿Por qué importa que dicha categoría sea incorporada en las leyes (sin necesidad de eliminar la categoría mujer)? Bien, por el simple hecho de que también hombres trans o personas transmasculinas deben tener acceso a derechos como aborto seguro o una menstruación digna.

El verdadero borrado de mujeres (TikTok @laurelyeye)

En la Ciudad de México, las terapias de conversión han sido rebautizadas como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (Ecosig) y son castigadas con penas que van de los dos a los cinco años de prisión y de 50 a 100 horas de trabajo comunitario. En España, a la par de la discusión sobre la Ley Trans también se promueve la Ley LGBTI, que contempla multas de hasta 3.7 millones de pesos para quienes realicen este tipo de prácticas. ¿Qué necesitamos en México para que estas torturas contra la comunidad LGBTI sean castigadas a lo largo y ancho de todo el país?, pero sobre todo, ¿qué necesitamos para que más allá de recurrir a prácticas punitivistas seamos una sociedad que respete la autonomía corporal y la libre autodeterminación de género de las personas en todas sus edades?

No sé cuál sea la respuesta más adecuada, lo que sí sé es que, cuando menos, necesitamos psicología consciente* y feminismos libres de odio. 

*Pueden consultar aquí la Guía de referencia para profesionales de la salud mental en el combate a los Ecosig, promovido y elaborado por la UNODC, el Copred, la UNAM y Yaaj AC.

El discurso transfóbico, el verdadero caballo de Troya del feminismo

Discurso transfóbico, el caballo de Troya del feminismo

Si eres feminista y no plantas cara a quienes en nombre de este movimiento político violentan a personas trans y no binarias, temo decirte que se llama complicidad. Del mismo modo en que hablamos del pacto patriarcal para denunciar la complicidad entre hombres, así como su silencio o pasividad ante los actos misóginos de sus congéneres, podemos y debemos hablar también de aquellas mujeres cisgénero feministas que deciden pasar de largo los actos transfóbicos de sus presuntas compañeras de lucha.

Qué tan lejos hemos dejado avanzar la transfobia en México que ahora se convoca a “marchas feministas” ya no para luchar a favor de los derechos de las mujeres, sino para impedir que las poblaciones trans accedan a ellos. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en lugares como Puebla, donde un colectivo de feministas radicales ha tomado como su principal objetivo impedir que se apruebe la Ley Agnes, una iniciativa con la que las personas trans podrían ver reconocida su identidad sexogenérica mediante un trámite administrativo. En el Estado de México ocurre algo similar, pues otro colectivo ha hecho un llamado para que la marcha del 8 de marzo sea “contra el borrado de las mujeres”.

Marcha organizada en nombre del feminismo contra los derechos de las personas trans.

¿A qué se refiere este presunto borrado de mujeres?, ¿cuáles mujeres?, ¿blancas, racializadas, pobres, trabajadoras sexuales, trans…?, ¿cómo podría borrarse a más de la mitad de la población mundial? Bien, pues del mismo modo en que construcciones discursivas como “ideología de género” o “lobby gay” llegaron con fuerza desde los sectores más conservadores de la sociedad para reprimir a la diversidad sexogenérica, ahora nos enfrentamos al presunto “borrado de mujeres”, una idea que (aparentemente) no es impulsada ni por la iglesia ni por la ultraderecha, sino por voces feministas de periodistas, escritoras e intelectuales, tales como la ex diputada del partido español PSOE Ángeles Álvarez, la antropóloga y académica mexicana Marcela Lagarde o la creadora de Harry PotterJ.K. Rowling.

La lucha contra el “borrado de mujeres” se ha erigido para impedir que en países como España, Reino Unido (y ahora México) entren en vigor leyes que permitan el reconocimiento de las identidades sexogenéricas de las personas trans y no binarias mediante trámites administrativos y ya no a través de juicios o certificaciones de género, para las que se necesitan acompañamientos psicológicos o psiquiátricos, así como tratamientos hormonales, los cuales han contribuido históricamente con la patologización de las personas trans.

En España, por ejemplo, Ángeles Álvarez y el sector transexcluyente del feminismo español, consideran que de aprobarse la Ley Trans, ésta pondría en peligro la representación de las mujeres –de nuevo: ¿qué mujeres?– en los distintos ámbitos de la vida pública como la política, deportes, espectáculos, etcétera. El argumento de Álvarez se desbarata cuando constatamos en las estadísticas que las poblaciones trans somos minoría en el mundo, y sin embargo con un alto índice de crímenes de odio en nuestra contra, una alta tasa de suicidios y una esperanza de vida reducida. En contraste, son contados los casos de personas trans en las esferas antes descritas, y aún así se emplean de forma sensacionalista, particularmente en el mundo de los deportes, para acusar que su presencia pone en peligro la posibilidad de victoria de las “mujeres biológicas” (sic).

Me parece increíble que en pleno 2021, luego de décadas y décadas de feminismos y estudios de género, frases como “mujeres biológicas” y “hombres biológicos” (sic) sigan siendo empleadas como argumentos para descartar la legitimidad de las identidades trans y para enarbolar abiertamente una lucha en contra de nuestros derechos más básicos: identidad, libre desarrollo de la personalidad, a la no discriminación, acceso a la educación y a un trabajo digno.

Y es que más que estar en contra del “borrado de las mujeres”, las voces transexcluyentes están en contra de la categoría género y a favor de la reivindicación de la realidad material del sexo como factor único y decisivo para determinar quién sí y quién no es mujer; se trata, pues, de una postura esencialista contra la que, de hecho, el feminismo lleva años luchando. Consideran, además, que de su realidad sexuada deriva una “opresión primaria”, con lo que universalizan las experiencias de todas las mujeres y dejan de lado aspectos de la identidad como raza, clase u orientación sexual, que en el caso de algunas mujeres se trata del factor principal de la opresión en que viven.

“Hay mujeres que son negras, mujeres que son lesbianas, mujeres que son trans y mujeres pobres. No sólo sufren discriminación por ser mujeres, sino por su raza, su género o su situación socioeconómica (…) El feminismo está en contra de la opresión de género y la explotación, si hay mujeres afectadas por el racismo o por la homofobia o por la transfobia, luchar contra eso es parte de la liberación”, señala Reni Eddo-Lodge, feminista y periodista británica.

Es debido a la particularidad de nuestras realidades y las distintas violencias que nos atraviesan, que me parece necesario ser sincera y señalar que en esta ocasión hablo de lo peligroso que es el discurso transexcluyente para las mujeres trans; sin embargo, me gustaría subrayar que éste atenta también contra otras posibilidades de vida: hombres trans, por ejemplo, a quienes llaman “hermanas” si deciden detransicionar, o traidorAs y “lesbofóbicas” si deciden mantenerse firmes en su transición de género. Basta con ver la violencia con que se lanzan contra hombres trans que, en tanto tienen también la capacidad de gestar, han acudido a marchas a favor de la despenalización del aborto:

En el contexto actual, no suscribir el discurso transfóbico o desmarcarse de él no es suficiente: también hay que posicionarse en su contra. Por ello aplaudo a la colectiva Dignas Hijas, que desde agosto del año pasado y luego de visualizar la forma en que el feminismo está siendo instrumentalizado con fines transfóbicos lanzaron la iniciativa #NoEnNuestroNombre para subrayar que “los derechos de las personas trans son derechos humanos, no una amenaza”.

Como señalan Gracia Trujillo y Moira Pérez, “con frecuencia se resalta del feminismo TERF su oposición a incorporar a las mujeres trans dentro del movimiento de mujeres (o del colectivo mismo). Sin embargo, se trata en realidad de un feminismo excluyente en términos amplios, que se opone, desde el privilegio, a distintas formas de autonomía decisional, autonomía corporal, al derecho a la identidad, al derecho a una vida libre de violencia… El movimiento feminista excluyente es contrario a muchas formas de existencia: no solo de todo el espectro de personas trans y no binarias, sino también de las trabajadoras y trabajadores sexuales o de cualquier persona que recurra a la gestación por sustitución, entre otros. En el caso de estos dos últimos, el trabajo sexual y la gestación por sustitución se entienden en todos los casos como violencias contra las mujeres. Este análisis no se ajusta a la realidad, obtura el avance de derechos para las personas directamente involucradas en estas prácticas y las sitúa en posiciones de víctimas pasivas sin, por otra parte, escucharlas”.

El peligro de este discurso no radica únicamente en su lucha por restringir derechos, sino también en su función como caldo de cultivo para reforzar estigmas y prejuicios en contra de nuestra comunidad. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso reciente de las pintas que manifestantes transfóbicas realizaron para posicionarse en contra de la Ley de Identidad de Género y que, sin embargo, fueron atribuidas por medios locales a personas trans. Al final del día la construcción discursiva y mediática que se hace de nuestras identidades, que nos asocia con lo anormal, lo fuera de lugar, lo iracundo, alimenta también los crímenes de odio en nuestra contra, particularmente los transfeminicidios.

Pintas de feministas transfóbicas, atribuidas por medios locales a activistas trans.

Queridas aliadas, queridas feministas cisgénero, si desean identificar cuál es el caballo de Troya en su movimiento, les invito a analizar qué discurso se aproxima más al de la ultraderecha. ¿Es acaso el que lucha por los derechos y digna existencia de las personas trans o el de sus “hermanas” abolicionistas, que ven un peligro en la otredad? No nos equivoquemos, que se frenen las leyes que permiten el reconocimiento de las identidades sexogenéricas no va a lograr que haya menos personas trans, sólo repercute en que nuestras vidas sean más difíciles y tengamos un acceso limitado a nuestros derechos.

En este momento la avanzada va contra personas trans y trabajadoras sexuales, pero de continuar con la tibieza, la factura también les alcanzará a ustedes. No al pacto (cis)patriarcal.

**Un abrazo y mi solidaridad con Siobhan Guerrero y Ophelia Pastrana, cuyo nombre e imagen se ha empleado para denostar a la comunidad transgénero cuando figuras como ellas ponen en alto nuestras identidades a la vez que dedican su vida por la defensa y conquistar de nuestros derechos.